En poco más de 6 meses entrará en vigencia la nueva normativa de la OMI que limita el contenido de azufre. Pocos cuestionan a estas alturas que el cambio tendrá consecuencias de gran alcance para la industria del transporte marítimo contenerizado y sus usuarios, pero muchos BCOs (Beneficial Cargo Owner) siguen sin estar seguros del impacto total de la nueva regulación en los costos de combustible, contratos y tiempos de tránsito.

En los últimos meses, Drewry ha estado trabajando con docenas de navieras globales para ayudarles a prepararse para el nuevo régimen y comprender mejor el impacto total en los costos de los cambios y preparar sus contratos de transporte.

Las navieras que operan la ruta Transpacífico y que renovaron sus contratos de servicios anuales a partir de mayo de 2019, ya tuvieron que lidiar con el nuevo reglamento, proporcionando una referencia útil para otros. Por medio de una entrevista a un importante BCO de la mencionada ruta, Drewry indagó acerca de cómo se preparó ante este cambio en su organización.

En cuanto a la preparación requerida para enfrentar la IMO 2020 en el contexto de la realización de los contratos anuales de servicios con transporte marítimos, el BCO consultado indico que para ello, primero que todo, ”fue necesario instruirnos” a fin de entender, de la mejor manera posible, qué opciones están disponibles para las navieras y cuáles serían las implicaciones de las regulaciones en sus operaciones. En segundo lugar, añadió, necesitaron revisar sus programas BAF [Factor de Ajuste del bunker] existentes para evaluar qué tan alineados estaban con la forma en que cambiarían los costos de las navieras bajo las nuevas regulaciones. Finalmente, dijo, “tuvimos que modificar nuestros programas BAF para asegurar que existiera un programa de compensación justo y equitativo con las navieras, conforme a las nuevas normativas”.

Respecto al principio subyacente de la empresa a la que pertenece el BCO entrevistado al momento de acordar las variables por recargos de combustible con las navieras, indicó que “creemos que los recargos por combustible variable no deben implicar una ganancia inesperada para el BCO ni una ganancia inesperada para las navieras. En la medida de lo posible, nuestro deseo es crear un programa de recargos variables de combustible que se alinee en la medida en que cambien los gastos operativos del operador (hacia arriba o hacia abajo) en relación con el costo del bunker. En segundo lugar, deseamos lograr todo esto con la menor complejidad posible, minimizando así la carga de facturación y el pago de dichos recargos”.

Acerca de cuáles fueron los resultados de su revisión del programa del factor de ajuste por costos de bunker ante la próxima vigencia de IMO 2020, el BCO entrevistado indicó que “con la ayuda de Drewry, pudimos estimar el impacto del bunker a lo largo de cada uno de nuestras rutas clave. Ese análisis nos permitió crear un programa BAF alineado con los niveles de consumo proyectado de la naviera en un itinerario determinado. Luego, revisamos todos los datos de indexación disponibles para establecer la fuente por la cual los precios globales se determinarían después de la aplicación de la IMO 2020”.

Al ser consultado si todos sus proveedores aceptaron sus cambios de estándar, aseguró que no todos lo hicieron “invitamos a 11 transportistas a nuestra oferta; de ellos, 3 rechazaron totalmente nuestra propuesta de BAF. Elegimos no hacer negocios con 2 [navieras] que no aceptaron nuestros cambios de BAF. La tercera naviera restante accedió originalmente al programa, pero, durante la última parte de las negociaciones de contrato, se retractó de su aceptación original y exigió que volviéramos a su planificación. Es nuestra intención que esta última naviera vuelva a nuestro programa o que suspendamos la utilización de sus servicios durante el próximo ciclo de contrato.

Por MundoMarítimo.cl