La capacidad de utilizar el amoníaco de forma segura en los barcos será un factor clave para su éxito en la industria marítima. ¿Debería el sector crear sus propias normas en este ámbito o intentar emular las que se han desarrollado con éxito en otros lugares?, plantea un artículo publicado por Lloyd’s List, en el que se plantea que el desarrollo seguro de los combustibles alternativos y de sus cadenas de suministro debe nser una prioridad para todos los sectores de la cadena de valor, pero cuando se trata del amoníaco, «reinventar la rueda puede ser innecesario».

Según la publicación se espera que el amoníaco se convierta en uno de los futuros pilares de la descarbonización marítima, especialmente para el transporte de alta mar, lo que ha dado lugar a iniciativas comerciales para desarrollar buques propulsados por amoníaco y, en última instancia, una cadena de suministro completa. Sin embargo, la preocupación por su seguridad, y en particular por su potencial de volverse tóxico, ha provocado un debate sobre el tiempo que se necesitará para desarrollar procesos y tecnologías de suministro y manipulación seguros para el uso de la sustancia en la industria marítima.

Trevor Brown, director ejecutivo de la Asociación de Energía del Amoníaco, cree que la insistencia en crear reglamentos y procesos de seguridad para el amoníaco desde cero muestra un vacío de conocimientos en la industria, dado lo ampliamente que se utiliza ya en otros sectores. «Lo que hay es un conjunto tremendamente bien desarrollado de códigos y normas, reglamentos de manipulación y uso seguro. Esto no quiere decir que el amoníaco no sea una sustancia peligrosa. Claro que lo es. Pero sabemos cómo mitigarlo», Sostuvo.

El uso del amoníaco, sobre todo en los sistemas de refrigeración, donde lo describió como un fluido de trabajo que cambia de forma, temperatura y presión, todo ello mientras hay personas cerca, es una prueba de que las industrias saben cómo manejarlo. «El reto para la industria marítima no es crear una normativa desde cero», reiteró. «Se trata más bien de transferir la normativa existente y aplicarla adecuadamente en el sector marítimo, aprovechando los conocimientos profesionales, los avances tecnológicos, las prácticas operativas y la experiencia en la resolución de problemas que ya están disponibles» aseguró.

Brown es codirector de Carbon Neutral Consulting (CNC), una empresa de estrategia centrada en el cambio climático y las políticas de transición energética, publicó un informe en el que insta al sector marítimo a convertir el uso del amoníaco en un componente esencial de sus estrategias empresariales de cara al futuro, dada la intensificación de las presiones de descarbonización.

De acuerdo con Lloyd’ List a diferencia de otros informes que tratan de promover la adopción piloto del combustible de carbono cero o la experimentación de los primeros en hacerlo, el informe sobre el amoníaco del CNC se dirige a todas las empresas que tienen que adaptarse a las expectativas cambiantes y a las circunstancias futuras. «No hace falta ser un pionero para entender lo que está pasando», resume Brown.

Sobre el sector se ciernen tanto el objetivo de la Organización Marítima Internacional de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 50% para 2050 en comparación con 2008, como las presiones mucho más inmediatas de accionistas, financistas y consumidores para que se reduzcan las emisiones y se adopten estrategias de sostenibilidad más amplias.

Steve Crolius, codirector del CNC, dijo que, aunque cree que el amoníaco podría convertirse en el combustible dominante en el sector marítimo, lo importante es que las empresas lo incorporen como una opción dentro de sus estrategias. «Está claro que todo el sector tendrá que unirse en torno a cualquier combustible que marque el camino de la transición energética», afirmó.

Crolius añadió que las empresas deben tratar de ser actores activos en este panorama cambiante, y no observadores pasivos, tratando de ayudar a definirlo en lugar de dejar que él los defina a ellos. Además, considera que unir fuerzas con otras empresas para colaborar de forma más significativa con las autoridades reguladoras, un fenómeno que parece cada vez más común hoy en día, es un paso en la dirección correcta.