Por Alexandre Minguez (Reuters) Una joven ballena gris perdida en el Mediterráneo, a miles de kilómetros de su hábitat natural en el océano Pacífico, busca desesperadamente el camino de vuelta a casa, pero los biólogos temen que no sobreviva.

Las ballenas grises suelen migrar a lo largo de la costa oeste de Estados Unidos, pero los biólogos creen que, con el calentamiento global que abre las rutas del norte, la ballena se perdió y nadó hacia el océano Atlántico a través del Ártico.

Bautizada como Wally por los biólogos, la ballena tiene unos dos años de edad y ocho metros de longitud, pero su rápida pérdida de peso es motivo de preocupación al no poder encontrar los invertebrados que son su fuente normal de alimento en las profundidades del Pacífico.

«Estamos muy preocupados por su futuro, ya que su grasa, que es su combustible para viajar, ha bajado mucho. Está agotado y sólo tiene piel sobre los huesos. No le hemos visto comer desde que empezamos a seguirle la pista», dijo Eric Hansen, jefe de la agencia estatal de biodiversidad del sur de Francia».

Wally entró en el Mediterráneo por el Estrecho de Gibraltar y siguió la costa marroquí antes de atravesar las costas italianas y llegar a Francia, dijo Hansen.

La ballena, que se desplaza entre 80 y 90 kilómetros al día, sigue de cerca las costas del sur de Francia y ahora se acerca a la costa española.

«Está intentando entrar en los puertos, como si quisiera encontrar una salida. Su estrategia debería funcionar y esperamos que pueda volver a Gibraltar en una semana», dijo Hansen.

Hace unos días, Wally quedó atrapado en una red de pesca frente a la costa de Camargo, pero consiguió liberarse. Sin embargo, va a encontrar más obstáculos, sobre todo el intenso tráfico marítimo en el Estrecho de Gibraltar.

Es sólo la segunda vez que los biólogos observan una ballena gris en el Mediterráneo. La última vez fue en 2010.

«Probablemente lo veremos más a menudo debido al cambio climático, que no sólo ha abierto la ruta del norte sino que también está cambiando las corrientes oceánicas debido al deshielo de los casquetes polares», dijo Hansen.