Solo un puñado de buques, y más en concreto veleros, pasan a la historia como los mejores de su década. Son unidades únicas de proa a popa, diferentes al resto desde su primera versión concepto y siempre necesitan un gran mecenas detrás para su puesta de largo.

La última gran embarcación a vela en este segmento exclusivo de veleros se llama Black Pearl del magnate empresario Oleg Burlakov.

Con 106 metros de eslora y 15 más de manga lleva surcando los mares desde que en 2017 vio la luz en el astillero Oceanco. Es todavía el segundo velero privado más grande del mundo, pero su éxito no está solo su tamaño sino en su programa de navegación sostenible. El Black Pearl es capaz de cruzar el Atlántico con solo 20 litros de combustible.

El velamen de este supervelero dispone de tres mástiles autogirables, con 75 metros de altura, que emplean también tecnología eólica y solar para facilitar su navegación.

A bordo dispone de seis camarotes con capacidad para 12 invitados. Entre las tres cubiertas los diseñadores creadores ubicaron zonas sociales como beach club, plataforma de baño o terraza y un garaje donde guardar desde embarcaciones auxiliares a un amplio listado de juguetes acuáticos

Adiós a su armador por Covid-19

Esta semana se conocía el fallecimiento del empresario Oleg Burlakov que financió la construcción del velero con 250 millones de euros. Un comunicado familiar, en el que se hacía referencia al velero Black Pearl, confirmaba la muerte del empresario en su residencia de Canadá el pasado mes de julio a sus 73 años por Covid-19.

Burlakov fundó en 1998 la compañía Integral, una cooperativa activa en el desarrollo de patentes e investigación científica para productos químicos innovadores que ampliaban la vida útil de los motores y las baterías. Tras un éxito inicial con Integral, Oleg Buerlakov incorporó Sovinterfrance, una empresa de recursos naturales y minería.

Desde 1992 el empresario ruso apostó por la industria petrolífera y en la producción de cemento. Primero tomó el control de una de las empresas rusas nacionales más importantes como Novoroscemen y más tarde la petrolera Burneftegaz. Entre 2007 y 2014 vendió ambas compañías por más de 2.500 millones de dólares.

En los últimos años el empresario había abandonado Rusia, donde sufrió un atentado en 2008 del que salió ileso, instalando su residencia primero en Estados Unidos y después en Canadá.