La mayor línea de contenedores del mundo, Maersk, está gastando «mucho dinero» para tratar de solucionar el problema del cambio de tripulación, pero aún así un tercio de los marinos han estado a bordo más tiempo del permitido por sus contratos. Las restricciones de viaje y de fronteras del Covid-19 han afectado a la industria naviera a nivel mundial, dejando a unos 400.000 marinos atrapados en los buques después de que sus contratos expiraron o en casa sin poder iniciar nuevos contratos.

Hablando con franqueza sobre el tema en base a la publicación de las ganancias del segundo trimestre de Maersk, el director ejecutivo Soren Skou dice: «El cambio de tripulación ha sido un gran problema para nosotros porque se acumuló durante el segundo trimestre… tenemos 6.500 personas a bordo en un momento dado y en julio dos tercios de ellas estuvieron más tiempo del que les permitía su contrato».

«Desde entonces hemos podido empezar a tratar el tema, ahora nos hemos reducido a un tercio que están fuera más tiempo del que permite su contrato y estamos progresando cada día».

Sin embargo, Skou también agrega: «Aún pasará un tiempo antes de que el problema se resuelva», a pesar de que dice que la empresa hace todo lo que puede.

Maersk ha alquilado capacidad hotelera en los principales centros de tripulación de Mumbai y Manila, trayendo a los que se inscriben para la cuarentena y las pruebas antes de llevar a los marinos a Dinamarca, desde donde son enviados a los barcos. «También tenemos algunos arreglos en Singapur y Hong Kong», añade.

No obstante, no se vislumbra el final del asunto y el último mes ha sido testigo de un endurecimiento de las medidas por parte de las naciones clave para el cambio de tripulaciones tras la relajación de las restricciones en junio y julio. A mediados de junio, la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF) dijo que ayudaría a los marinos que quisieran dejar de trabajar y abandonar sus buques una vez que sus contratos expiraran. Algunas tripulaciones de barcos están tomando ahora el asunto en sus propias manos y se niegan a trabajar una vez que sus barcos llegan a los puertos.

«Creo que nuestras tripulaciones a bordo entienden que nos tomamos este problema muy en serio. Hemos gastado mucho dinero para que vuelvan a casa de vacaciones a ver a sus familias», explica Skou.