Una nueva amenaza a la seguridad marítima se está desarrollando rápidamente a lo largo de la costa de África meridional con el aumento de la insurgencia de Cabo Delgado en el norte de Mozambique. Hay mucho en juego, ya que esta inestabilidad se está produciendo en un centro de hidrocarburos dentro del Canal de Mozambique septentrional, que se estima que contiene más de 100 billones de pies cúbicos de gas natural recuperable, uno de los mayores depósitos de gas del mundo.

El Canal de Mozambique, que tiene unas 1000 millas de largo y 260 millas de ancho en su punto más estrecho, limita al este con Madagascar y al oeste con Mozambique. Solía ser una importante vía de comunicación entre el Océano Índico y el resto del mundo cuando los portugueses establecieron colonias en la cuenca del Océano Índico y en Asia Oriental. La construcción del Canal de Suez a mediados del siglo XIX privó al Canal de Mozambique de su función de enlace histórico, ya que la llegada del canal redujo considerablemente su tráfico marítimo. Pero los ricos depósitos de gas natural y las productivas zonas de pesca -con pesquerías de atún cuyo valor se estima en 2.000 millones de dólares al año en el Océano Índico Occidental- podrían hacer que el canal recuperara su prestigio.

En los últimos años, el litoral de África oriental se ha convertido en un terreno abonado para las empresas petroleras tras los descubrimientos de depósitos de petróleo y gas. De hecho, Kenya y Somalia se han visto envueltos en una disputa diplomática debido a una controvertida zona triangular de 100.000 kilómetros cuadrados rica en hidrocarburos. Al sur de ésta se encuentra la cuenca de Rovuma en el Canal de Mozambique, donde los expertos predicen que si sus depósitos de gas se utilizan eficazmente, Mozambique podría convertirse en el tercer exportador mundial de gas natural licuado.

Lamentablemente, desde 2017 la inestabilidad ha empezado a sacudir la región rica en petróleo con la aparición de combatientes extremistas islámicos. La principal facción de los insurgentes está vinculada a un grupo extremista autóctono llamado Ansar al-Sunna, aunque en 2019 el ISIS afirmó haber llevado a cabo un ataque contra las fuerzas mozambiqueñas. Ha sido difícil, en particular para los observadores independientes, proporcionar un análisis de la situación de seguridad porque las tropas gubernamentales han estado protegiendo a los forasteros de las entrevistas con los locales en medio de las denuncias de abusos de los derechos humanos.

¿Pero cómo amenazan estos insurgentes la seguridad marítima a lo largo del canal de Mozambique y la exploración de gas natural en alta mar?

En agosto de 2020, los combatientes extremistas se apoderaron de la ciudad portuaria de Mocimboa da Praia, en la provincia de Cabo Delgado, que estaba fuertemente custodiada. El puerto es un activo estratégico utilizado para la entrega de carga a proyectos petroleros a 60 kilómetros de distancia que están siendo desarrollados por compañías como Total y que valen alrededor de 60 mil millones de dólares. A principios de año, ocho empleados del contratista local de gas Fenix Constructions murieron en un ataque en la región, pero Total publicaría más tarde una declaración indicando que su proyecto de exploración en la cuenca de Rovuma era seguro. El intento de los combatientes de establecer un asimiento en la ciudad portuaria podría crear serios problemas para los planes de Mozambique de desarrollar los vastos yacimientos de gas mar adentro, lo que intensificaría aún más el conflicto en el norte de Mozambique, asolado por la pobreza.

Los depósitos de energía no han sido el principal intensificador del conflicto en el norte de Mozambique. Los insurgentes parecen estar explotando las quejas locales por la negligencia del gobierno en la zona. Las altas tasas de desempleo entre los jóvenes han facilitado el reclutamiento y la radicalización en el extremismo islámico y han dado al conflicto una justificación política.

Las actividades apoyadas por el mar, como el contrabando y el robo a mano armada en el mar, desempeñarán un papel fundamental en la financiación de la insurgencia de Cabo Delgado. Además, el mantenimiento de la infraestructura portuaria podría significar que, con el tiempo, los insurgentes pueden adquirir las aptitudes y capacidades marítimas necesarias para aventurarse en la piratería, lo que repercutiría negativamente en los países vecinos con espacios marítimos estables, como Tanzanía y Sudáfrica. Un ejemplo anterior es el grupo militante Al-Shabab en el Cuerno de África, que capturó puertos marítimos y se benefició de la piratería en el momento de mayor poder en 2010-11.