Los más de 60 operadores de la industria tienen que hacer frente a la difícil y costosa cuestión de qué hacer con casi 350 buques que deberían estar cruzando el planeta, luego de ser duramente golpeados por la pandemia de coronavirus (Covid_19), informó Milenio.

Casi seis meses después de que muchos gobiernos impusieron confinamientos para frenar el virus, las líneas de cruceros elaboran planes para volver a navegar. MSC, el operador privado más grande, lleva a cabo un regreso tentativo al Mediterráneo este mes, mientras que Carnival, el más grande del mundo, planea un relanzamiento en Europa. Pero con los rebrotes de Covid-19 en Europa, los focos de casos que estallan en Asia y Estados Unidos que todavía lucha por controlar la pandemia, el desafío de qué hacer con los barcos corre el riesgo de volverse aún más urgente a medida que implican un aumento en la carga financiera.

Royal Caribbean, la segunda línea de cruceros más grande del mundo, anunció que hasta el momento ya envió a tres de sus cruceros al desguace. Wouter Rozenveld, director de Sea2Cradle, que se especializa en el reciclaje de buques y supervisa el desguace de dos de los cruceros de Carnival, dijo que este año fue el primero en que su compañía trabajó con la industria de cruceros. “Definitivamente habrá más buques desguazados y más de lo normal hasta que este virus Covid-19 esté bajo control”, dijo.

Si la trayectoria definitiva de la pandemia es la mayor incógnita para la industria, gran parte del panorama inmediato es claro, y doloroso. Dada la abundante oferta, las líneas de cruceros registran una disminución de su poder de negociación sobre cuánto pueden esperar por el desguace de sus buques.

Las líneas de cruceros se ven obligadas a aceptar «un precio bastante bajo» porque «es un mercado de compradores» y desmantelar embarcaciones tan complicadas es «una operación compleja», dijo Rosenveld.

Históricamente es común que los dueños de los buques envíen las naves para ser desmanteladas en India y Pakistán, donde los costos son mucho más bajos. Sea2Cradle estima que el desguace de un crucero cuesta hasta US$160 la tonelada más en Europa que en Asia. Para un crucero, que tiene un promedio de 25.000 toneladas sin equipamiento ni pasajeros, eso podría ascender a US$4 millones.

Pero la industria en el sudeste asiático se ha visto perseguida por denuncias de abusos ambientales y de derechos humanos. Kendra Ulrich, directora de campañas de transporte marítimo del grupo ambientalista Stand.earth, dijo: «Tener (buques) averiados en el sur de Asia es muy, muy barato. Es como en cualquier otro lugar donde las naciones industrializadas arrojan sus desechos en el sur del mundo donde existen estándares ambientales y laborales deficientes».

Carnival envió sus buques para ser desguazados en un astillero aprobado por la Unión Europea en Turquía, pero a Ulrich le preocupa que la falta de regulación global signifique que no todos en el sector seguirán su ejemplo. «Existe el riesgo», dijo, de que las líneas de cruceros «economicen y hagan lo mínimo para maximizar sus utilidades porque se encuentran en una situación económica tan difícil».

Los analistas de Morgan Stanley son desdeñosos de la idea de que el desguace de buques pueda mejorar las expectativas financieras para los operadores, y dicen que la contribución sería “irrelevante”. Sin embargo, lo que está claro es que una evaluación del valor de sus flotas es clave para saber si las compañías de cruceros van a poder superar esta tormenta.

Varios grupos utilizan sus embarcaciones, cuya construcción puede costar entre 500 y 1.000 millones de dólares y, por lo general, tienen una vida útil de 40 años, como garantía cuando buscan fondos de emergencia.

Buques inactivos

Carnival, por ejemplo, recaudó más de US$10-.000 millones desde que comenzó la pandemia, incluyendo US$900 millones en bonos basura en septiembre. La potencia financiera ayuda a mantener los buques en lo que se conoce como “warm lay-up” (inactivos de manera parcial), condición en la que se encuentra actualmente la mayoría de la flota de la industria y que Implica que una tripulación mucho más pequeña permanece a bordo para mantener un buque en funcionamiento, accionando los grifos en cabinas.

El destino de los buques que no están en “warm lay-up” pero a tampoco fueron designados para el desguace se encuentran en el estado “cold lay-up, pero su regreso es poco probable, dado el costo que requeriría volver a ponerlo en funcionamiento.

Los ejecutivos saben que sus flotas van a permanecer atrapadas en varios grados de inactividad hasta que el público se sienta seguro de volver a navegar. Por eso MSC realiza gastos de EEUR 500.000 en protocolos de salud, incluyendo tres niveles de realización de pruebas para los pasajeros, por cada crucero de siete días. Pero muchos operadores son muy conscientes del daño que causaría otro brote importante de Covid-19 en un crucero.

Por MundoMaritimo