Un estudio de calado se realiza típicamente desde un bote operado junto a la embarcación. El bote, que puede ser un bote de trabajo o un bote de rescate, se baja al agua donde un inspector puede tomar lecturas usando las marcas pintadas en el casco del barco. Aunque este es un proceso probado, tiene desventajas, dice Markus Aarnio, Arquitecto Naval en Jefe, Foreship.

La forma tradicional de tomar lecturas de calado lleva mucho tiempo y siempre hay algunos riesgos cuando se lanza un bote tripulado desde un barco, de tal manera que es mejor evitarlo cuando no es absolutamente necesario. Luego está la cuestión de la precisión: puede ser difícil para un topógrafo tomar medidas precisas en las olas, mientras que el interés del operador del barco es que el proceso se complete en el menor tiempo posible, por ejemplo.

Estos inconvenientes, continúa Aarnio, inspiraron a Foreship a buscar una solución más avanzada. Los drones son rápidos y altamente maniobrables y pueden ser controlados desde una ubicación remota. Esto elimina la necesidad de un bote de reconocimiento, ahorrando tiempo y aumentando la seguridad. La tecnología también permite una mayor precisión, porque incluso en aguas agitadas, el vídeo capturado por el dron nos permite determinar correctamente la lectura del calado.

Aarnio: «El procedimiento puede llevarse a cabo en cualquier puerto o astillero donde se pueda obtener el permiso para operar los drones, y nuestras primeras discusiones positivas con las sociedades de clasificación sugieren que recibir la aprobación de la clase no será un problema».