Un estudio realizado por la consultora de investigación holandesa CE Delft ha concluido que el biometano licuado (LBM) y el metano sintético licuado (LSM) podrían ambos convertirse en combustibles marinos escalables que apuntalen la adopción del GNL y ayuden en el proceso de descarbonización del transporte marítimo y la reducirán de las emisiones entre 2030 y 2050.

SEA-LNG, una fundación sin fines de lucro creada para promover el uso del GNL como combustible para el transporte marítimo, encargo un estudio en que se reveló que ni la disponibilidad potencial ni el coste de los dos combustibles impediría que compitieran favorablemente con otros combustibles de bajo o nulo contenido en carbono, incluidos el amoníaco y el hidrógeno.

Sin embargo, un beneficio clave y un diferenciador, en comparación con estos otros combustibles, es el hecho de que el creciente número de buques alimentados con GNL hoy en día podría utilizar tanto LBM como LSM sin necesidad de grandes modificaciones. La infraestructura de abastecimiento de combustible existente también podría utilizarse para ambos combustibles.