Y aquí estamos otra vez… En plena segunda ola de la pandemia. Una situación que ya fue pronosticada al tiempo que ignorada y hoy, sufrida. Y los chinos como si tal cosa… Bien es verdad que tienen chivatos de barrio, policía de barrio, apps de control, sellado del piso del contagiado, disciplina, obediencia y capacidad de sufrimiento cuasi inhumana que les permite presumir de un mínimo índice de contagios y una economía creciendo, según proclaman desde el Partido Comunista chino.

Y nosotros, aquí estamos. Ni la “V”, ni la “V” alargada, ni la “K”, nada de nada: un berenjenal. La realidad es testaruda y las cifras de infección (John Hopkins mediante) nos dicen que estamos a unos niveles que los ciudadanos del llamado mundo occidental no nos los creemos todavía. Estamos viviendo una crisis sanitario-económica de dimensiones planetarias, que seguramente pasará –cuando haya vacunas o paliativos-, y para entonces todo habrá cambiado en todos los ámbitos de la vida del ciudadano común.

Mientras, seguimos tratando de obrar de la manera más racional posible, maniobrando para que los organismos, instituciones y todo el entramado socio-económico no se desfonden y nos vayamos a acompañar a los plásticos que flotan y se diluyen en las aguas marinas.

Los webinars aumentan en la medida en la que aumentan las restricciones para la ciudadanía. Tenemos una oferta para atender una sesión online especializado cada día en esta u otra especialidad de nuestro negocio. Y todos vamos procediendo entusiásticamente pensando que la curva “se aplana” y, dentro de nada, todos otra vez a la calle a celebrarlo con los amigos y conocidos. Pero hemos de ver como acaba el tercer trimestre del año, y sobre todo, el cuarto. Cuanto puede aguantar la economía mundial que está incardinada, unas áreas con otras y todas en común. Es lo que tiene la globalización.

El Brexit quedará como una nimiedad comparada al cataclismo que se le avecina al Reino Unido y al problemón en la Unión Europea. Los países del Sur de Europa (vale decir España, fundamentalmente, Italia, Grecia y en menor medida Portugal -hay que ver con que dignidad y eficiencia aparente lo llevan los portugueses-, somos lo que lo tenemos peor.

Pero que no cunda el pánico. En España no queremos que nos presten 72.000 millones de euros. Solo queremos lo que nos dan a fondo perdido, aproximadamente 70.000 millones. Con eso vamos a relanzar las exportaciones, el tráfico aéreo (perdón, eso va a ocurrir ya con Canarias que se abra al turismo), el 5G, la economía de transición energética: inteligente, sostenedora del medioambiente, digitalizada, y un montón de adjetivos más, que nos va a llevar mas allá del 2050 totalmente descarbonizados (negro carbón ya estamos hoy). Y seguramente en 2022, ya que el 2021 está a la vuelta de la esquina y lo de las “V” ya no cuela, estaremos de nuevo en la senda de los elefantes de Avilés tomándonos todos unes sidrines y celebrando la marcha positiva de la economía marítima mundial y española.

¡Que ustedes lo vean y lo celebren!

Por: Alonso Contreras

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