El adelgazamiento del hielo en el Océano Ártico ha hecho que la temporada de navegación de este año para tanqueros GNL sea la más larga de la que se tenga constancia, la última señal de que el ritmo del cambio climático se está acelerando en las latitudes más septentrionales del planeta. La Ruta Marítima Septentrional, que se extiende a lo largo de más de 3.000 millas náuticas a lo largo del Mar del Norte entre el Mar de Barents al oeste de Rusia y el Estrecho de Bering en el este del país, abre tradicionalmente de junio a octubre, cuando las temperaturas más altas rompen el hielo. Este año, las travesías comenzaron un mes antes y continuarán al menos hasta finales de diciembre. El calor récord significó un congelamiento más lento durante el otoño en el hemisferio norte.

«Este año podría convertirse en un punto de inflexión para el Ártico», dijo Samantha Burgess, subdirectora del Servicio Europeo de Cambio Climático de Copérnico. «Este fue un año bastante excepcional en el que la condición de calor superior a la media fue increíblemente persistente durante todo el año.»

Las temperaturas de más de 5 grados centígrados por encima de la media durante los primeros 10 meses de 2020 llevaron a que extensión del hielo marino fuese la más baja registrada entre julio y octubre y la segunda más baja durante la mayor parte del año. El deshielo permafrost, además, amenaza la infraestructura estratégica de petróleo, gas y también civil en el norte de Rusia, Canadá y Alaska.

Reducción del Ártico

Sin embargo, lo que es malo para el planeta es una oportunidad para la industria del GNL que alcanza los US$100.000 millones al año, actualmente el segmento de más rápido crecimiento del negocio de los combustibles fósiles. El transporte de GNL ha aumentado en los últimos años, impulsando el flujo de gaseros desde los yacimientos de África, Oriente Medio y Australia hasta los lucrativos mercados principalmente de Asia. El derretimiento del hielo en el Ártico reduce los costos de envío de los cargamentos que de otra manera tendrían que transitar por el Canal de Suez o el extremo sur de África.

Al oeste, los mares de Barents y de Kara seguían estando en gran parte libres de hielo hasta noviembre, según Copérnico, el programa de satélites climáticos de la Unión Europea. Al este, la cubierta de hielo en el Mar de Chukchi entre Rusia y Alaska ha disminuido en más de un 45% desde finales de la década de 1970, según Rick Thoman, especialista en clima del Centro de Evaluación y Política del Clima de Alaska.

Cuanto más tiempo permanezca abierta la Ruta del Mar del Norte, más gaseros pueden dirigirse directamente a Asia, donde el GNL es consumido por la industria y los generadores de energía en China, Japón y Corea del Sur. Rusia y la industria del GNL están trabajando para extender esa temporada de embarque, desplegando el rompehielos más grande del mundo a partir de octubre para abrir paso a los gaseros durante más meses del año.

«Sin duda, una navegación tan temprana y tardía nos acerca a la implementación de uno de los objetivos clave de la estrategia de desarrollo de la Ruta Marítima Septentrional: la navegación durante todo el año», dijo la oficina de prensa de Rosatom, la corporación nuclear estatal rusa a cargo de la gestión de la ruta.

El «Arktika», de propulsión nuclear, es capaz de romper el hielo de hasta 2,9 metros de espesor (poco menos de 10 pies), casi un tercio más que la actual generación de buques de la flota rusa. Eso ayudará a Novatek PJSC a movilizare cargamentos de GNL al mercado desde sus gigantescos campos en la península de Yamal en el norte de Rusia.

Las extraordinarias condiciones climáticas de este año ya han permitido un número récord de viajes a Asia a través de la Ruta del Mar del Norte. Se harán unos 30 esta temporada, cinco más de los previstos inicialmente, dijo en noviembre Mark Gyetvay, director financiero de Novatek. Eso se compara con los 17 en 2019 y cuatro de 2018.

El éxito de la industria del GNL en el Ártico preocupa a los científicos y a los grupos ecologistas, que ven un «bucle de retroalimentación» en el que más buques aceleran el ritmo del calentamiento en la región. La superficie blanca del hielo refleja la luz solar y ayuda a enfriar la atmósfera. Cuando se derrite, es reemplazado por el agua del océano, que es oscura y absorbe la radiación solar.  El aumento del tránsito marítimo en el Ártico también trae consigo mayores emisiones de gases contaminantes, que pueden aumentar las temperaturas y suavizar los bloques de hielo a nivel local, dijo Burgess. Además, la presencia de los buques cisterna también aumenta el riesgo de accidentes y derrames en una zona donde la biodiversidad es frágil, dijo.

«Hay un gran interés en aprovechar la ruta de transporte más eficiente», dijo Burgess. «Igualmente, es importante que se establezca una política para asegurar que se haga de forma legal y segura, con medidas adecuadas para proteger estos ecosistemas vulnerables», finalizó.

.